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Varios estudios a nivel internacional reflejan el impulso que ha tenido en la última década el desarrollo de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en las compañías. De acuerdo a The Economist, entre el 2000 y el 2005 la cifra de altos ejecutivos e inversionistas en el mundo que afirmaron que la RSE era un tema “central o importante”, se duplicó de 4 a 8 de cada 10. Y en el 2010, un 93% de CEO’s declaró que los temas relacionados con la sustentabilidad serán críticos para su negocio, según el Pacto Global.
Con distintos énfasis en cada lugar, temas como la profundización de la globalización, la inequidad y la pobreza; el cambio demográfico y el climático; el auge de los medios y las redes virtuales; el empoderamiento de los grupos de interés; y la creciente conciencia acerca de los temas sociales y ambientales, han sido los que han fortalecido la urgente necesidad de trabajar por un desarrollo sostenible y con equidad, desvaneciendo progresivamente la frontera entre empresas, medio ambiente y sociedad.

De a poco, y con mayor intensidad en el último tiempo, las compañías están comprendiendo e internalizando que para tener negocios exitosos ya no es suficiente generar valor únicamente para los accionistas y cumplir con la ley, sino que es esencial integrar lo social y medioambiental. Asimismo, son hoy cada vez más las empresas que toman conciencia que para cumplir con el objetivo de ser rentables en el largo plazo, controlar los riesgos, y generar ventajas competitivas e innovación, es necesario incorporar a las partes interesadas (también conocidos como Stakeholders) en la toma de decisiones y contribuir al bienestar de la sociedad. Cada vez son más las compañías que han ido asumiendo este reto y el comportamiento de aquellas que han alcanzado un alto nivel de reputación, evidencia la generalización de uso de criterios RSE en el diseño de sus estrategias y sistemas de gestión.

“The Business of Sustainability” así lo confirma: un 92% de los 1.500 líderes empresariales entrevistados en 2009 a nivel mundial, aseguró estar abordando temas de sustentabilidad en su compañía, mostrando además un fuerte consenso sobre el rol preponderante que debe jugar el sector privado en solucionar los desafíos globales a largo plazo.

Así entendida, la responsabilidad social implica un cambio cultural y de paradigma, a través del cual la empresa busca no solo la propia sustentabilidad, sino la de toda la sociedad. Y a cambio atrae y retiene talentos y obtiene una sólida reputación, ventajas a nivel de competitividad, la legitimidad para operar, relaciones permanentes y de confianza con sus grupos de interés y mejores resultados en general.
Las prácticas de RSE se han vuelto en las empresas un pilar fundamental hacia la sostenibilidad, ya que poseen una conexión valiosa entre los diversos actores que la constituyen, además de generarles beneficios que permanecen en el tiempo si utilizan de forma eficiente los recursos y se canaliza la inversión adecuadamente para mantener una rigurosa eficacia de los programas de apoyo brindados a través de las áreas de acción de la RSE.

Para garantizar la sostenibilidad de la empresa se debe establecer un equilibrio entre las dimensiones sociales, económicas y ambientales hacia donde se dirigen las prácticas RSE, puesto que la empresa debe proyectarse promover el desarrollo sostenible, el cual se logra mediante la sistematización de las prácticas de RSE como aporte de las empresas.
Algo muy importante de considerar de la influencia de la RSE para la sostenibilidad de las empresas es que debe realizarse un trabajo conjunto y adecuado en cuanto al papel de los gobiernos, ya que la ruptura de un eslabón que compone la cadena de actores para el desarrollo sostenible puede implicar la generación de cuello de botella para alcanzar el éxito compartido de la RSE, para la empresa, el sector y el país en general.

Son varias las organizaciones que han refrendado la línea de este planteamiento, que alude a la esencia estratégica de la responsabilidad social. En el 2008, el “Informe sobre la Competitividad” de la Dirección General de Empresa e Industria de la Comisión Europea, concluyó que la RSE es una creciente necesidad para la competitividad de las empresas, pero que debe necesariamente estar integrada a la estrategia de negocio, para transformarse en un diferenciador competitivo. Solo de ese modo, develó el documento, permitirá alcanzar una excelencia empresarial a partir del dar respuesta a los diversos retos sociales y ambientales, a las expectativas de los empleados, a la concientización de los consumidores y a la naturaleza de los procesos innovadores, manteniendo el ritmo de progreso a largo plazo.
De manera concordante, The Business of Sustainability destacó que quienes integran criterios de sustentabilidad en su estrategia de negocios han obtenido mejores resultados, pero que aún siguen habiendo numerosas empresas que no han emprendido la tarea de comprender e integrar el concepto más allá.

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